Tuchman barbara la marcha de la locura

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  • BARBARA W. TUCHMAN

    LA MARCHA DE LA LOCURA

    LA SINRAZN DESDE TROYA HASTA VIETNAM

    F O N D O D E C U L T U R A E C O N MI C A M X I C O

  • Primera edicin en ingls, 1984 Segunda edicin en ingls, 1984 Primera edicin en espaol, 1989 Ttulo original: The March of Folly. From Troy to Vietnam 1984, Barbara W. Tuchman Publicado por Alfred A Knopf, Inc., Nueva York ISBN 0-394-52777-1 D R. 1989, FONDO DE CULTURA ECONMICA, S. A. DE C.V. Av. de la Universidad, 975; 03100 Mxico, D.F. ISBN 968-16-3155-2 Impreso en Mxico

  • N D IC E Agradecimientos 9 I. Una poltica contraria al propio inters 11 II. El prototipo: los troyanos llevan el caballo de madera dentro de sus muros 38 III. Los papas renacentistas provocan la secesin protestante: 1470-1530 52

    1. Asesinato en una catedral: Sixto IV, 1471-1484 61 2. Aliado del infiel: Inocencio VIII, 1484-1492 64 3. Depravacin: Alejandro VI, 1492-1503 71 4. El guerrero: Julio II, 1503-1513 86 5. La escisin protestante: Len X, 1513-1521 98 6. El saco de Roma: Clemente VII, 1523-1534 110

    IV. Los ingleses pierden Estados Unidos 121

    1. Quin est dentro, y quin est fuera: 1763-1765 121 2. Afirmar un derecho que sabis que no se puede ejercer:1765 141 3. La insensatez a toda vela: 1766-1772 157 4. Recordad a Roboam!: 1772-1775 179 5. ... Una enfermedad, un delirio: 1775-1783 195

    V. Los Estados Unidos se traicionan en Vietnam 221

    1. En embrin: 1945-1946 221 2. La autohipnosis: 1946-1954 232 3. Creando al cliente: 1954-1960 254 4. Casados con el fracaso: 1960-1963 266 5. La guerra del ejecutivo: 1964-1968 292 6. Mutis: 1969-1973 337

    Eplogo: Una linterna en la popa 361

  • Y no puedo ver razn para que alguien suponga que en el futuro los mismos temas ya odos no sonarn de nuevo... empleados por hombres razonables, con fines razonables, o por locos, con fines absurdos y desastrosos.

    JOSEPH CAMPBELL. Prlogo a The Masks Of God: Primitive Mythology, 1969.

  • -9-

    A G R AD E C IM I E N T O S

    Deseo expresar mi agradecimiento a quienes de diversas maneras han contri- buido a este libro: al profesor William Wilcox, presentador de los Benjamin Franklin Papers en la Universidad de Yale, por su lectura crtica del cap- tulo IV; a Richard Dudman, exjefe de oficina del St. Louis Post-Dispatch en Washington y autor de Forty Days with the Enemy (un testimonio de su cautiverio en Camboya), por haber ledo el captulo v; al profesor Nelson Minnich, de la Universidad Catlica de Amrica por haber ledo el captulo III. leer no significa estar de acuerdo, particularmente en el caso del ltimo nombrado. Slo yo soy responsable de todas las interpretaciones y opiniones.

    Por consulta o ayuda en varios aspectos, estoy en deuda de gratitud con el profesor Bernard Bailyn, del Departamento de Historia de la Universidad de Harvard; con el doctor Peter Dunn, por sus investigaciones sobre el re- greso de las tropas francesas a Vietnam en 1945; con Jeffrey Race, por hacerme conocer el concepto oculto bajo el trmino disonancia cognosci- tiva; con el coronel Harry Summers, del Army War College; con Janis Kreslins, de la biblioteca del Council on Foreign Relations; y con todas las personas enumeradas en las referencias del capitulo V, que tuvieron la ama- bilidad de ponerse a mi disposicin para preguntas orales.

    Por su ayuda para descubrir ilustraciones, estoy en deuda con la profesora Emily Vermuele, del Departamento Clsico de Harvard; con Joan Sussler, del Museo Lewis-Walpole en Farmington, Connecticut, y con sus colegas; con Marc Pachter, de la Galera Nacional de Retratos de Washington, D. C.; con el Departamento de Impresos y Dibujos y el Departamento Griego y Romano del Metropolitan Museum of Art de Nueva York; con el Departa- mento de Impresos y Fotografas de la Biblioteca del Congreso; con Charles Green, del Museum of Cartoon Art; con Catherine Prentiss, del Newspaper Comics Council; y con Hester Green, de A. M. Hearth and Company, Londres, por su mano mgica aplicada a la Galera Nacional de Retratos (Londres), y el Museo Britnico. Todo esto debe su existencia coherente a Mary McGuire, de Alfred A. Knopf, quien sigui una corriente de materiales desconectados y alcanz a atar los cabos sueltos. Mi gratitud extra a Robin Sommer, por su devota y eficaz vigilancia de la precisin en las pruebas.

    Nuevos agradecimientos a mi esposo, el doctor Lester R. Tuchman, por sugerirme a Roboam y por descubrir las referencias a la guerra de sitios en la antigedad y la ilustracin de una mquina asira de sitios; a mi hija y mi yerno, Lucy y David Eisenberg, y a mi hija Alma Tuchman por leer todo el manuscrito haciendo comentarios tiles; a mi agente, Timothy Seldes, de Russell and Volkening, por su disponibilidad y ayuda cada vez que se necesit; y a mi corrector y editor, Robert Gottlieb, por su juicio crtico y su paciencia inagotable ante las angustias de los escritores, que le dan lata por telfono.

  • -11-

    I . U N A P O L T IC A C O N T R AR I A A L P R O P IO I N T E R S

    UN FENMENO que puede notarse por toda la historia, en cualquier lugar o perodo, es el de unos gobiernos que siguen una poltica contraria a sus propios intereses. Al parecer, en cuestiones de gobierno la humanidad ha mostrado peor desempeo que casi en cualquiera otra actividad humana. En esta esfera, la sabidura que podramos definir como el ejercicio del juicio actuando a base de experiencia, sentido comn e informacin disponible, ha resultado menos activa y ms frustrada de lo que debiera ser. Por qu quienes ocupan altos puestos actan, tan a menudo, en contra de los dictados de la razn y del autointers ilustrado? Por qu tan a menudo parece no funcionar el proceso mental inteligente?

    Para empezar por el principio, por qu los jefes troyanos metieron a aquel sospechoso caballo de madera, dentro de sus murallas, pese a que haba todas las razones para desconfiar de una trampa griega? Por qu varios sucesivos ministros de Jorge III insistieron en coaccionar en lugar de conciliarse a las colonias norteamericanas, aunque varios consejeros les hubiesen avisado, repetidas veces, que el dao as causado sera mucho mayor que cualquier posible ventaja? Por qu Carlos XII y Napolen, y despus Hitler, invadieron Rusia, pese a los desastres que haban acontecido a todos sus predecesores? Por qu Moctezuma, soberano de ejrcitos valerosos e impacientes por combatir, y de una ciudad de 300000 habitantes, sucumbi con pasividad ante un grupo de varios centenares de invasores extranjeros, aun despus de que haban demostrado, ms que obviamente, que no eran dioses, sino seres humanos? Por qu se neg Chiang Kai-shek a or toda voz de reforma o de alarma, hasta que un da despert para descubrir que el pas se le haba esca- pado de las manos? Por qu las naciones importadoras de petrleo se entregan a una rivalidad por el abasto disponible, cuando un frente unido ante los exportadores les habra permitido dominar la situacin? Por qu, en tiempos recientes, los sindicatos ingleses, en un espectculo luntico, pa- recieron peridicamente dispuestos a asumir a su pas en la parlisis, al parecer bajo la impresin de que estaban separados de todo? Por qu los hombres de negocios norteamericanos insisten en el desarrollo cuando, demostrablemente, est agotando los tres elementos bsicos de la vida en nuestro planeta: la tierra, el agua y un aire no contaminado? (Aunque los sindicatos y las empresas no sean, estrictamente, un gobierno en el sentido poltico, s representan situaciones gobernantes.)

    Aparte del gobierno, el hombre ha realizado maravillas: invent, en nuestros tiempos, los medios para abandonar la Tierra y llegar a la Luna; en el pasado, domin el viento y la electricidad, levant piedras inertes convirtindolas en aladas catedrales, bord brocados de seda a partir de la baba de un gusano, construy los instrumentos msicos, deriv de las corrientes energa motora, contuvo o elimin plagas, hizo retroceder el mar del Norte y cre tierras en su

  • POLT ICA CONTRARIA AL PROP IO INT ERS

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    lugar; clasific las formas de la naturaleza, y penetr los misterios del cosmos. Mientras que todas las dems ciencias han avanzado, confes el segundo presidente de los Estados Unidos, John Adams, el gobierno est estancado; apenas se le practica mejor hoy que hace 3000 o 4000 aos.1

    El mal gobierno es de cuatro especies, a menudo en combinacin. Son: 1) tirana u opresin, de la cual la historia nos ofrece tantos ejemplos cono- cidos que no vale la pena citarlos; 2) ambicin excesiva, como el intento de conquista de Sicilia por los atenienses en la Guerra del Peloponeso, el de conquista de Inglaterra por Felipe II, por medio de la Armada Invencible, el doble intento de dominio de Europa por Alemania, autodeclarada raza superior, el intento japons de establecer un Imperio en Asia; 3) incompe- tencia o decadencia, como en el caso de finales del Imperio romano, de los ltimos Romanov, y la ltima dinasta de China; y por ltimo, 4) insensatez o perversidad. Este libro trata de la ltima en una manifestacin especfica, es decir, seguir una poltica contraria al propio inters de los electores o del Estado en cuestin. El propio inters es todo lo que conduce al bienestar o ventaja del cuerpo gobernado; la insensatez es una poltica que en estos tr- minos resulta contraproducente.

    Para calificar como insensatez en este estudio, la poltica adoptada debe satisfacer tres normas: debe ser percibida como contraproducente en su propia poca, y no slo en retrospectiva. Esto es importante, porque toda poltica est determinada por las costumbres de su poca. Como bien lo ha dicho un historiador ingls, nada es ms injusto que juzgar a los hombres del pasado por las ideas del presente. Dgase lo que se diga de la moral, la sabidura poltica ciertamente es variable.2 Para no juzgar de acuerdo con los valores actuales, deb